Mostrando entradas con la etiqueta Grecia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Grecia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de junio de 2011

Parole di Barolo




Hoy venía a casa a comer Piero. Piero formaba parte del grupo exquisito de amistades de mi abuelo paterno, cuando todavía vivían en la isla en la época de la post guerra italogriega, durante los años 1940-41, seis años antes de la incorporación y entregamiento de las doce islas del Dodecaneso a Grecia.


Piero, italiano nativo de la Morra de Piamonte, terminada la guerra, decidió quedarse en la isla por el amor de una mujer llamada Anika, con la que nunca se casó ya que sus padres ortodoxos consideraban gran blasfemia y maldición que aquel amor terminase sellándose con bendiciones nupciales. Italiano y católico, Piero nunca abandonó a Anika y vivió en la isla como xenos, siendo ajeno a la tolerancia social y política de aquellos tiempos. Anika murió el 1948 durante el parto de su primera hija, la que iban a llamar Semeli, nombre ni ortodoxo ni católico, ni siquiera cristiano, sino perteneciente a la mitología griega.

Y como cada mitología ampara leyendas paganas, religiones intrusas, dioses y relaciones que la sociedad con indignación rechaza, tanto mi abuelo como los demás laicos y veteranos de su círculo de aquellos años políticamente perturbados y nublados, acogieron a Piero que se sentía como patriota entre compatriotas.
Cada vez menos apátrida, encontraba su lugar entre las tertulias que se celebraban en territorio griego, bajo el sol del mediterráneo que se encargaba de los amaneceres que se dejaban ver por el mar Egeo.

Piero, unos años tras la muerte de Anika, se fue a vivir a Atenas. Estuvo trabajando durante años de camarero en varias tabernas del barrio de Plaka y finalmente se jubiló siendo el maître más longevo del restaurante del prestigioso hotel ateniense, Grand Bretagne.

El día que mi abuelo murió Piero volvió a la isla, pero no pasó ni un día por mi casa. Sin embargo, todas las tardes de su breve estancia en la isla le veían en la cafetería que está pegada al muelle interior del puerto de Pothia.
Allí se solía encontrar con mi abuelo y demás compañeros para conversar de política, de pesca y del nuevo socialismo, mojando sus palabras fuera de tono con vino tinto, de ese itálico que ningún griego de la isla quería beber y, menos, pagar 2 liretas por tomarlo; “greco e italiano una facha, una racha”.

Cierto era que los vinos italianos que se importaban a Grecia hasta los años ’70 se consideraban aparte de foráneos, provenientes de mostos desconocidos, excesivamente dulzones y un tanto agresivos, muy tánicos, con olor a uva poco apetecible. Y esa amistad que no hacia caso a un pasado polémico crecía cada vez más, copa tras copa, tertulia tras tertulia.
Piero y mi abuelo terminaban la noche andando hacia sus casas cantando una cantada italiana, homenaje a la guerra, los amores y al vino mal de su juventud común.

Los años transcurrían y mientras Piero servía platos de la nouvelle cuisine grecque a los personajes más ilustres de la ciudad de Atenas de la década de los ´70 y ´80, la modernidad fue tocando los lagares piamonteses; los vinos de Nebbiolo que se producían en las limítrofes tierras de Barolo y Barbaresco obtenían más elegancia y las opiniones dispares se dividían entre las dos escuelas de progresistas y tradicionalistas.

Complicada como la Nebbiolo fue la vida de Piero, etimológicamente emparentada con el término italiano nebbia (niebla), la que se cosecha tardíamente, envuelta en las nieblas otoñales.

Soldado por necesidad, inmigrante por amor, maître por vocación y griego por empatía Piero hoy venía a vernos; comer y pasar la tarde con nosotros.

Mayor, muy mayor de edad, Piero entra en mi casa puntual y a la hora de comer, con pasos lentos pero sin arrastrar los pies ni sus zapatos mocasines, color burdeos. Aparece ahí, delante de nosotros y el pasillo, desde el vestíbulo hasta el comedor, se convierte en un recorrido en tecnicolor, filmación y repaso de todas las fotografías suyas que había visto hasta hoy, de todo lo oído, lo hablado y lo imaginado sobre Piero.

Nos dirigimos hacia la mesa, le sigo los andares pausados curioseando su figura; Me lo imagino ignorando la Italia fascista, dejando su posición de guerrillero, descorchando botellas de caldos finos franceses delante de su majestad el Rey Pablo I, hermano y sucesor de Jorge II. Buscando asilo entre las pletóricas cenas que se celebraban en el comedor del Grand Bretagne, compensando la pérdida de una hija que nunca nació con propinas generosas, consolando entre vinos y crèmes brûlées su amor por Anika.

Antes de sentarnos y con un gesto tan elegante quita de su solapa la gardenia blanca que adorna su pecho y, extendiendo su mano, se la entrega a mi madre. Después quita su sombrero de terciopelo carmesí, me mira y sus ojos grises observan mi cara sonriendo y, como si buscase algo, se inclina hacia mí, para colocar su sombrero en mi cabeza. Me queda grande, levanto ligeramente su ala ancha y plana, le miro y me dice con acento ni italiano ni griego, sino con la entonación de un anciano que durante su vida amó, luchó y bebió mucho.

¨ Tienes los labios de tu abuelo, y su cervello también ¨

Trae una gardenia, un sombrero y una botella de vino de Barolo, la deja con la misma elegancia encima de la mesa.



Vida rodeada de neblina la de Piero y ahora que estoy sentada a su lado intento husmear su presencia, todo lo que se pueda rastrear, cualquier matiz, con ese perfume de fondo de gardenia despistándome. Aroma fresco y dulce de flor blanca que añubla cualquier suposición, todo lo que sus ojos vieron.

Servimos el Barolo mientras estoy observando lo bien envejecido que está Piero, a pesar de su edad. Buena será esa vejez, buenos serán esos años que no simplemente pasan sino se viven con bondad. Y entonces Piero se levanta. Estira su cuerpo encogido y brinda con nosotros, vocalizando con voz floja y sin acento italiano

-Por la isla
-Por la libertad
-Por los amaneceres
-Por Anika

-Por su Majestad, el vino

-Por esos escalopines que sugería a los clientes extranjeros que llegaban hasta Atenas y no se atrevían de saborear otra cosa que no fuera carne sangrienta.

Años sangrientos los que Piero vivió con tanta bondad y esas palabras salen de su boca con tanto gusto, balance y armonía que me quedo maravillada, con el sombrero puesto.
Empezamos a comer. Con menos fuerzas empieza a murmurar palabras que acompañan cada trago suyo lento, pausado, casi exhausto.


¨Menos agresiva ya la Nebbiolo de mi Italia. La juventud que disfruta vinos de cepas que crecen en territorios regados con sangre. El tiempo que pasa y vino que se tiene que beber en un futuro largo; la juventud que disfruta del futuro. La elegancia del saber hacerse mayor, vinos delicados, delicados tiempos.¨



El color rojo rubí, característico de ese Barolo que de repente habla por Piero, mientras Piero habla de él. Vuelvo a levantar el ala del sombrero que cubre mis ojos y tapa por la mitad mi vista.
Piero se calla, come y nos mira. Silencio, y sus palabras suenan repetidamente en mis oídos, como un eco constante de aire que sopla y resopla moviendo ligeramente el visillo de la ventana del comedor que da a la calle.

Tonos rojizos, anaranjados, fajas flojas de color ladrillo ahora que veo mejor, ahora que el sombrero no me impide ver mi copa y a Piero.



Si mi abuelo estuviera ahora aquí no me permitiría estar sentada en la mesa con el sombrero puesto. […] Señorita, en la mesa se come y nunca se flirtea. En la mesa sólo se habla para rezar. Hable señorita para pedir el pan, para rellenar la copa y dar las gracias a Dios y quítese usted el sombrero, señorita […]

De acuerdo a los principios tradicionales tengo a Piero a mi lado flirteando todavía con la vida misma. Llevo su sombrero puesto, bebo vino, mojo el pan y doy las gracias por estar aquí, enterándome de la vida larga y de la vejez bondosa. Y me callo.



¨Mientras yo me enamoraba de Anika, mis paisanos del territorio piamontés estaban dedicados a la guerra y a la viticultura sucia. Pocos de ellos tenían la autorización para producir vino. Se utilizaban barricas grandes de roble xeno, esloveno y el vino no llegaba a su fin. Se retiraba dulce, crudo. La nebbiolo sufría una amnesia esencial y todos los que terminábamos la noche tomando un Barolo por la paz y por la libertad, rezábamos porque la guerra terminase ya, porque los vinos puliesen ese debate social, porque el vino fuera bálsamo y no veneno. ¨

Viñedos rodeados de neblina, como las palabras de Piero, como la vida de Piero. Saboreamos en familia ese bálsamo envejecido ya en barricas de roble francés más noble; bálsamo envejecido la presencia de este veterano maître, apátrida guerrero y querido. Y si el uso de la madera es un factor más, de qué madera uno está hecho si toda su vida dedicó al servicio de la patria, sirviendo vinos y platos exquisitos.

Aromas florales, rosa, pimienta blanca, trufas y té; sorprendente elegancia la que sigue las palabras de Piero y del Barolo. Sensible uva que reconoció por fin su lugar, uva que madura tarde y se bebe última. Colinas que dan hacia el sur, nos cuenta Piero de su vida. Vino que al final llega a su fin, vino que refleja toda una época de guerra y de amor tardío.

La parte volátil de las palabras de Piero se va atenuando, mientras se queda atrás una ración sólida de historia, de sabor y de verdades. Palabras que equivalen a mil historias, palabras de Nebbiolo. Palabras de Piero que deja atrás una gardenia, un sombrero y una botella de Barolo.



Segundo por la izquierda, en traje blanco y pelo moreno, Piero, el año 1945, pasando su brazo por el hombro de Anika


viernes, 27 de mayo de 2011

Devuelta y de prestamos




En breve estaré de vuelta e intento organizar mi corazón, mi maleta,
los recuerdos y los vinos que me acompañarán en este proceso necesario y previsto.

Doy hoy un paseo por el mercado donde siempre compro algo antes de irme, es más un ritual que un compromiso; los regalos y recuerdos siempre se compran en tiempo muerto. En tiempo muerto pues escojo miel que sabe a tomillo. Queso tierno de ganados que se crian entre olivos y comen amapolas. Oregano fresco que condimenta cualquier bocado tuyo. Aceitunas negras que se asemejan a tu mirada andaluza. Vinagre griego que sabe a la ensalada que preparaba mi abuela en la isla, tras pasar el día entero en la orilla del mar, entre olas, lapas y erizos. Y vinos.

Llego a casa cargadita de mis trofeos que en breve se convertirán en recuerdos. Estuve en Grecia y me acordé de tí, estaré de vuelta y me acordaré de Grecia; y todo parece un ciclo pepretuo de referencias que se comen entre sí, regadas con vino y más vino. Dado que los recuerdos no se consumen sino se gastan, me permito sentirme ya embriagada de sabores y de vinos cuyos efectos y lágrimas me provocaron durante mi breve estancia aquí tanta emoción que hoy mismo me encuentro con los lagrimales agotados.
Me temo que cada vez los viajes me cansan más, que mi edad me engaña. Me siento tan mayor cada vez que tengo que volver y dejar atrás amores íntimos,compensar besos y caricias, palabras que hoy no puedo devolver y me las llevaré prestadas en la misma maleta, apretadas entre vinos.

Sin embargo no me es nada difícil explicar el por qué de mi pequeña colección de vinos que hoy decido llevarme de vuelta y de recuerdo.

Cuatro etiquetas, cuatro motivos que justificarán mi obsesión por querer robar momentos de ese proceso lineal que es el vivir entre dos culturas y en dos tiempos, viajar siendo estática para poder captar el aroma y el sabor que mi cabeza saturada siempre los convierte en experiencias y cuentos gustativos.

Domaine Gerovasiliou, Blanco 2010 de las autóctonas Malagousia y Asyrtiko.



Un ensamblaje que resume la tradición vinícola del norte de Grecia. La Malagousia que hasta hace pocos años estaba en extinción, potente y elegante, da lugar a vinos aromáticos con matices florales y frutales; flores de limonero, naranja y melón. La Asyrtiko, muy mencionada y delicada por su tendencia a oxidarse. Aporta acidez, aromas a jazmín y a pimienta blanca. Un vino para tomarlo joven y durante su juventud, lo hablado y lo debido.

Kanenas, Mavroudi-Syrah 2010, Tsantali/Maronia Vineyards



[…] “Polifemo, más que gigante, era un Cíclope, porque tenía un solo ojo redondo, en medio de la frente.
Y no era un Cíclope cualquiera. Era el más importante de todos ellos: el que tenía más ovejas, la cueva más grande, más quesos y más jarras de leche en ella.
Tenía, además,
unos gustos muy especiales: adoraba el vino y detestaba el hígado frito. No le gustaban los reyes, ni tampoco los héroes.
Por eso, en cuanto vio desembarcar a Ulises y sus compañeros, los tomó prisioneros, encerrándolos en su amplia cueva.
Allí, mirándolos con su enorme ojo solitario, les preguntó de dónde venían.

—De
Troya —contestaron en seguida los viajeros.
Después les preguntó cómo se llamaba el jefe de todos ellos.

—Me llamo "Nadie" (kanenas) —mintió Ulises, que desconfiaba de aque
l interrogatorio.” […]

Un rosado joven de las bodegas Tsantali, coupage de la autóctona Mavroudi y la foránea Syrah. Notas de pétalos de rosa, fresa y pimienta negra. Excelente para acompañar ostras, cremas de verdura, platos especiados, quesos frescos y macedonias de fruta.


Thema Rosado, Tempranillo 2009, Pago Pavlidis de Drama, Norte de Grecia


Un tema y vino curioso, me atrae no tanto su etiqueta minimalista sino la propia variedad, la Tempranillo. Un rosado que mezcla el sangrado con el breve contacto con los hollejos, la tempranillo que crece lejos de su sitio y de su tierra. Me identifico y tengo tantas ganas de probar este vino que como un prestamo linguistico, como extranjerismo, provoca mi curiosidad de saborear y clasificar su grado de adaptación en terruños montañosos del norte de Grecia.

Su contraetiqueta, porque también la querrás curiosear.
Vinification The perfect ripening of the grapes and the carefully selected date of harvest, which is practicated during the night, contribute to the preservation of varietal aromatic and phenolic potential.This wine is the result of blending two methods of rose winemaking: skin-contact at low temperature and longtime pressing, and/or by "saignée" from a tank with tempranillo grapes in the phase of pre-fermentation maceration. This juice is fermented in inox tanks where the wine is kept for four months with its lees. Specific characteristics This intensively rose wine is expressed with elegant aromas of strawberry and rushberry fruit on a fond of roses. In the mouth, the alcohol is nice balanced from the acidity, giving a feeling of sweetness and a long finish with a touch of ripe red fruit on the palate. Serving tips Serve at: 8-10οC. Perfect with: Pasta, fish soups or roasted fish, mushrooms and white meat. Also good as an aperitif.

Anama Dulce de Kalymnos


Vino dulce natural de uva pasificada. De la variedad Fokianos, autóctona de Dodekaneso que se vendimia muy madura a finales de septiembre. Los isleños intercambiamban el Anama junto con almendras y pan de higo con Egipto por productos de lujo como tejidos, joyas y cerámica. El vino Anama y el pan son los dos elementos esenciales para celebrar la Eucaristía en Kalymnos.


Esto es todo lo que me llevo de trofeos que se convertiran en recuerdos propios. Mañana estoy de vuelta a mi casa provisional y antes de irme dejo aquí constancia de todo lo bueno que me llevo, prestado o no, en mi maleta y entre vinos. Un abrazo, un beso y una palabra más, un brindis antes del viaje.